Ludocronista: 1976. NIGHT DRIVER

Arkanoidn't

Una vez más, las cosas no han salido como tenía planeado. Mi plan original, como se puede deducir del título de la sección, era comentar cómo ha sido mi experiencia con Breakout, comercializado por Atari en 1976 y claro antecedente del inmortal Arkanoid de Taito. Por resumir: cuando haces un primer acercamiento a gameplays de sendos juegos uno al lado del otro, resultan prácticamente indistinguibles, aparte de las mejoras gráficas y la presencia de power-ups, habilidades especiales y demás detalles del segundo. Del mismo modo, era también un buen momento para hablar un poco de Clean Sweep, producido y distribuido por Ramtek en 1974 y del cual, si bien Atari dijo no basarse, una serie de paralelismos interesantes se podían sacar de ahí.

Pero entonces, investigando por la web, encontré Night Driver. Me encontré en la diatriba de elegir entre el juego que debo jugar y el juego que quiero jugar. Sí, a nivel histórico es quizá más relevante hacer una entrada sobre Breakout, y podría haberla hecho. Sin embargo, me estaba costando ponerme manos a la obra, o si quiera sacar detalles que de verdad quisiese hacer hincapié, más allá de la elección de diseño de dividir la ya irrisoria barra del jugador por la mitad si atraviesas la última fila de bloques (Jesús bendito). Creo que, en el fondo, el corazón me pedía algo más como esta otra recreativa de Atari.

En cuanto a contexto histórico, Atari ya llevaba varios intentos de replicar el éxito que Pong sin demasiado éxito, y había sido Tank (1974) de la subsidiaria Kee Games la que mantenía a flote un barco que poco a poco se estaba hundiendo. Este Night Driver cumplió su cometido y fue un fenómeno que revitalizó la empresa madre. Estamos ante primer videojuego de conducción en primera persona, nacido para ser extremadamente comercial, y que se enmarca dentro de la órbita de títulos sobre deportes y carreras ya mencionada previamente en la entrada de Space Race. Por aportar datos concretos sobre el juego en sí, contamos a nuestra disposición con tres pistas (algo indistinguibles) repartidas en sendos niveles diferentes de dificultad: Novice, Expert y Pro. Del mismo modo, hay opción de variar el tiempo que duran las partidas, con 100 segundos siendo el estándar. A esto se le añade que, si consigues hacer 300 puntos, el contador de tiempo se reseta y por tanto extiende la duración de la misma. A mayor dificultad, más fácil es ir acumulando puntos, y una vez alcanzados los 1000, el score regresa a 0. 


Minimalismo y mood nocturno

Como muchas recreativas que le preceden y como muchas otras que le seguirán, Night Driver vive y muere por su título. No soy exactamente un bicho nocturno, pero durante un cierto rango de horas entre las once y las 2 de la mañana entro en una especie de trance que acompaña muy bien para leer, escribir o jugar algún videojuego que aporte a ese estado de ánimo particular. Bajo esta premisa, si algo me apetecía desde luego es algo que me despertase las sensaciones que esta obra captura asombrosamente y con una sencillez fascinante. De algún modo, la capacidad que tiene este juego de arcade de trasladarte a la cabina de un coche en ese contexto concreto me maravilla, demostrando ser capaz de construir un estado mental concreto con un apartado gráfico añejo pero usado con gran acierto. Estas herramientas visuales refuerzan las emociones que busca conseguir, dándole la vuelta a una limitación técnica y convirtiéndola en una fortaleza. Solo hacen falta un fondo negro con elementos blancos y sencillos, para simular la situación de "conducción nocturna". Es, en el fondo, la misma filosofía que seguía Pong cuatro años atrás. 

Sin duda, es alucinante ver cómo los elementos más lejanos se van acercando y los dejas atrás, consiguiendo un efecto 3D rudimentario pero tremendamente efectivo. Como se puede observar, solo vemos un trasunto de autovía, con las luces a los lados formando una suerte de silueta y anticipando las curvas. De forma increíble (porque como dice Enrique Alonso, los videojuegos son, en efecto, magia), no estás simplemente controlando un coche mostrado desde una vista cenital: estás dentro de la cabina, tienes el volante en tus manos, tu caja de marchas a un lado y acelerador a tus pies. Delante tuya, ninguna señal de tráfico u otros conductores que esquivar, sino solamente una carretera infinita que recorrer por la eternidad de la noche. Sumado al ruido del motor y a la sensación de velocidad que se consigue viendo pasar el no-paisaje, todo está ahí para que el juego sea divertido y conserve una magia inigualable. 



Sobre la conservación del medio

Habiendo comentado todo esto, es inevitable llegados a este punto hablar de un choque. No, no me refiero a cuando aparecen esos flashes intermitentes que saltan al estampar tu auto en la recreativa. Me refiero a algo más abstracto, al encontronazo que se produce debido al tiempo, y jugar en 2026 a una obra de una forma para la que jamás fue pensada.

Hay que ponerse en situación. Este juego de Atari estaba planteado para ser jugado en una cabina real de recreativa, en mitad de un salón de arcade, y con una pegatina, física y real, del capó del vehículo pegada en la pantalla. Literalmente había que manejar un volante, pisar el acelerador y tener reflejos rápidos para cambiar de marcha. Cuando te estrellabas, el detalle de tener que volver a poner primera marcha para acelerar desde el comienzo se tenía que hacer manualmente, simulando los movimientos que harías conduciendo de verdad. Son detalles, detalles lo significan todo. Estas cuestiones entran por tanto en la ecuación, produciéndome en conclusión un vértigo filosófico que me conduce (no pun intended) a reflexionar sobre la conservación del medio en su estado original. El juego que se supone que estoy jugando y el que se jugaba originalmente en las máquinas de arcade es, en el fondo, el mismo y a su vez completamente diferentes. Los controles, el contexto, la forma de interactuar es distinta, y por ende, la experiencia es sustancialmente dispareja de la que se supone que debería ser.

¿Qué habría que hacer por tanto para disfrutar de Night Driver como se merece? La opción de comprar una máquina original podría estar presente siempre y cuando tengas dinero para desenfundar, pero el estado físico marcado por medio siglo de acumular polvo en vete a saber tú qué almacén o trastienda está ahí también. Y si esa pegatina del capó está en mal estado, ¿acaso se sigue produciendo o se podrá remplazar en condiciones? A las muy malas, la comunidad de internet dedicada a esta parcelita del retro se encarga de emularlo, y siempre se puede comprar un volante que conectar al ordenador. Con todo esto, surge una gran revelación final. Es posible que la mejor forma de disfrutar del juego es precisamente en la quietud de tu hogar a las dos de la noche, sentado cómodamente y con un volante de segunda mano conectado al puerto USB. Quizá Night Driver salió al mercado hace cincuenta años, pero es ahora, con medio siglo a sus espaldas, cuando podemos honor a su título.







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