¿Nos echamos unas mazmorras?
Veo en 1978 un año
importante. Estamos en el momento de juegos como el Computer
Othello de Nintendo o el Gee Bee de
Namco, pero por encima de todos ellos, el
Space Invaders de
Taito. En un año
donde hay mucho donde elegir y de donde sacar jugo, no me esperaba
acabar eligiendo Beneath Apple Manor (BAM
para los amigos, Apple Manor para
mi uso personal) comercializado para ordenadores Apple II.
La experiencia que ha sido jugar
a esta semana a un roguelike anterior al seminal Rogue
(1980) que da nombre al género me es inesperada, en parte,
porque no soy muy ducho en el género. Ni siquiera se me ocurren
muchos juegos de esta índole que haya probado o jugado de forma
habitual. Alguno habrá, pero, desde luego, no los suelo frecuentar.
Sea como fuere, le he
estado dando un tiento, y tras un par de días, me di cuenta de que
estaba jugando la versión de 1982, una “Special Edition” que
había sido publicada a posteriori. Bajo esta tesitura, me vi en la
obligación de buscar y continuar mis peripecias en una versión más
antigua, la original. El título de 1978 carece hasta de un pixel art
básico. En su lugar, tiene unos gráficos ultra simplistas, con
cuadraditos representando cada elemento en pantalla: el jugador es
azul, los cofres son amarillos, las puertas son marrones, y cada
enemigo se distingue del resto de forma similar gracias a su color
característico (verde, blanco, rojo, morado y rojo oscuro). Aunque
esta versión más antigua se vea peor, tarde en cargar las pantallas
durante medio minuto o más, y literalmente vaya a -2 fotogramas por segundo, el loop jugable se mantiene igual.
Y funciona.
Habemus manual
Una gran razón por la que he podido sacarle todo el partido posible a BAM ha sido el hecho de poder encontrar un manual de instrucciones en PDF. Tenerlo a mano para poder revisar los controles (gracias por hacerme descubrir que con la tecla “I” podía inspeccionar callejones sin salida y descubrir puertas ocultas) o entender los diferentes subsistemas que existen en el juego –spawns de enemigos, el funcionamiento de los stats del personaje, y cómo funciona exactamente el dinero y experiencia para subir de nivel– ha sido esencial para disfrutar al máximo, y es que todo tiene muchísimo encanto cuando eres capaz de vivirlo de esa manera. Sin ir más lejos, te ayuda también a entender el argumento. Básicamente, somos un aventurero que se adentra en la ya abandonada mansión de la familia Apple, en busca de una manzana dorada que se esconde en algún lugar del casoplón. Descubrimos una entrada a un sótano, y entonces vamos bajando cada vez más profundo hasta que encontramos el tesoro, y así finaliza el juego.
Diría que la gracia principal del bucle está en cómo subimos de nivel: sí, ganamos experiencia al matar a enemigos, pero realmente lo más valioso que podemos encontrar son los cofres. A cambio de recibir un poco de daño (los baúles esconden trampas como gas venenoso y cosas por el estilo), el juego nos recompensa con una cantidad de oro igual que de experiencia. Nuestro objetivo es por tanto conseguir todo el botín que podamos y regresar sanos y salvos al lugar de donde venimos originalmente, siendo ese rellano de la escalera, por así decirlo, una suerte de “espacio seguro” en el que podemos decidir si seguir avanzando más profundo en la mazmorra, invertir experiencia en subir nuestras estadísticas, intercambiar nuestro dinero por armas y armaduras, o guardar el estado actual del personaje a cambio de un precio que cada vez va subiendo más y más. Así, en caso de que muramos, volveremos a aparecer con esas estadísticas. Sin embargo, perecer repetidas veces implicará ir perdiendo cada vez más puntos de stats con cada resurrección, por lo que hemos de actuar con cabeza...Añado que es una pasada leerte los consejos que vienen en las últimas páginas. Te dan muchas ideas sobre cómo actuar en según que situaciones y te hace entender mucho mejor la lógica interna detrás del juego a niveles más profundos, explotando esas costuras de diseño a tu favor.
Deeper, deeper, deeper
No voy a engañar a nadie: ha sido un absoluto vicio y no me lo veía venir. A pesar de tener una pequeña corazonada, podría haber sido totalmente fallida, y nada me aseguraba que el juego fuese a hacerme clic de forma genuina. Pues bueno, lo ha hecho. El juego es divertido, y en grandísima medida se debe a su procedimentalidad y el no saber qué te puedes encontrar a la vuelta de la esquina. Puede haber cualquier monstruo apareciendo de la nada, como un par de limos que te hacen una emboscada, o que el cofre que abras tenga una trampa. La aleatoriedad hace que quieras probar suerte y avanzar más profundo en la mazmorra para ver si en la siguiente sala (generada al azar) consigues unos mejores tesoros o directamente la manzana dorada que sirve de objetivo final.
Por supuesto, cuanto
más nivel tienes, más peligrosos son los monstruos. Empiezas
cruzándote con los ya mentados limos, pero entonces llegan los
fantasmas, los trolls, las babosas, y hasta dragones. La presencia de
enemigos cada vez más peligrosos es buen indicador de que te estás
acercando a tu premio final, pero claro, el equilibrio entre riesgo y
recompensa es evidente. Con todo, lo más aconsejable es saber elegir
tus batallas, y no lanzarte a lo loco contra cada bicho que te
encuentres. Los fantasmas, por ejemplo, te restan tus puntos totales
de fuerza (el stat que determina la cantidad de objetos y dinero que
puedes cargar, además del daño que provocas e incluso tu estamina),
y para colmo solo puedes dañarlos usando magia, para lo cual
necesitas un buen puñado de puntos de inteligencia con tal de usarla
a menudo. Del mismo modo,
Es muy chulo ver también como hay algunos objetos que sirven para que tu desplazamiento por la mazmorra sea más llevadero. Dios sabe que he sido tremendamente feliz cuando me hice con una llave que abría todas las puertas de la dungeon: ya no hace falta embestirlas o meterles patadas para forzar tu camino (y haciéndote perder valiosos puntos de fuerza en el proceso): basta con pulsar la tecla “O” para abrirlas. Bendita llave. Y bendito juego.
Para la posteridad
Quizá no acabe volviendo a la versión de 1978 a menos que vuelva a tener esa curiosidad por la historia del medio, pero la Special Edition va a ser un juego al que voy a regresar en cuanto tenga ganas de jugar un rogue-like retro, amén de Rogue, que sin duda se va a merecer unas cuantas partidas. La dopamina que se siente cuando abres un cofre con un botín buenísimo y consigues volver a la escalera tras sortear monstruos y trampas es increíble. En líneas generales, he querido utilizar esta entrada para hacer patente lo muchísimo que he disfrutado de Beneath Apple Manor, un videojuego que desconocía por completo hasta hace una semana escasa, y que por el momento tiene el honor de ser el mi juego favorito de la década de los 70, al menos en lo que llevo de proyecto. Ya veremos que me depara el futuro, pero por el momento, dejadme disfrutar. Por cosas como esta, el poder descubrir un juego de hace casi 50 años y pasármelo como un enano, es por lo que adoro el retro.
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