Ludocronista: 2002. KINGDOM HEARTS

 

Yo no crecí con Disney

Cuando era muy pequeño recuerdo haber visto Pinocho. También recuerdo de forma muy tangencial Peter PanEl libro de la selva, Robin Hood, 101 dálmatas y media película de Blancanieves y los siete enanitos. Aparte de estos, los únicos clásicos animados de la casa del ratón que realmente veía de forma más o menos continuada eran Los tres caballeros, El rey león y Aladdín. Ya está. Si somos tiquismiquis, sí que veía a diario cosas como Mi amigo el fantasma y Tron, producciones de acción real que no tenían nada que ver con las otros filmes de animación que muchos niños de mi edad veían en aquella época. A donde quiero llegar es que yo no he visto ni Hércules, ni Mulán, ni Pocahontas. Dad gracias a que, con unos quince años, me dio por verme Cenicienta, y que con diecisiete básicamente me obligaron a ver La Sirenita con la familia. Y de 2020 en adelante, ya en la veintena, ha sido cuando por decisión propia y por interés en la historia del cine me dispuse a ver Alicia en el país de las maravillas, La bella durmiente, La bella y la bestia, Dumbo, Bambi...y ya de paso, verme al fin Blancanieves entera.

Quizá, en definitiva, el titular tenga truco. A lo mejor sí que he crecido con Disney, pero a donde quiero llegar es que no me veía, en absoluto, como el público objetivo de Kingdom Hearts. Mi relación con Disney no es ni mucho menos la que tengo con Nintendo, y si me preguntas por películas de dibujitos que veía de pequeño, te diré muchísimo antes Nicky la aprendiz de bruja y La princesa Mononoke. Es lo que hay. Pero claro, entre una cosa y otra, y viendo que he llegado a 2002 en Ludocronista, la ocasión se ha presentado. Llegó el día en el que tuve que dejar, al menos parcialmente, los prejuicios a un lado y dedicarme a jugar a este videojuego.  Porque oye, quizá no haya visto Tarzán, pero sí que tengo un respeto reverencial, al menos desde una perspectiva histórica, a Fantasía. Quizá hay en Kingdom Hearts algo para mí.



Agua y aceite

Lo que a mí nadie me va a quitar de la cabeza es que mezclar Final Fantasy con Disney es una
quimera que me saca completamente
a poco que le de una mínima vuelta. Que la bendita Squaresoft decidiera aliarse con Walt Disney Company para sacar adelante semejante proyecto me lo tienen que explicar, y ver pululando por ahí a Squall Lionheart, Aeris y compañía al lado de Donald y Goofy es una cosa extrañísima que a cualquiera con una edad le resulta, cuanto menos, chocante. En el fondo se puede ver su sentido: Square estaba casi en bancarrota tras el fracaso en taquilla de Final Fantasy: The Spirit Within, y la alianza con Mickey y compañía era un clavo ardiendo para acabar remontando. El objetivo era venderle el juego a la chavalada de los primeros dosmiles gracias a amigables personajes como el perro Pluto, Ariel y Hércules. Por otro lado, se apelaba a los hardcore fans de la compañía nipona gracias a los protagonistas de las entregas más aclamadas y recientes de FF, del VII al X. 

Sumado al evidente éxito de PlayStation 2, el resultado es un action-RPG que, a pesar de su tosqueza en los combates y la cámara, es divertido y muy carismático. Tengo entendido que las entregas posteriores mejoran este apartado específico, pero lo que me he encontrado es un juego con su gracia y muy entretenido a la hora de pegarte con los bichos. Todo el asunto Disney al final no molesta tanto y tiene su gracia a la hora de ofrecer variedad de entornos, puzles y alguna mecánica suelta, y combinan bastante bien con la temática de "visitar distintos mundos" que presenta la trama.
 

Luz y oscuridad (oscuridad y luz)


Y aquí llega el punto más caliente de Kingdom Hearts: la trama. La historia de esta primera entrega se puede resumir muy eficazmente, en palabras de Jovani Vázquez: "luz y oscuridad, oscuridad y luz". Bromas aparte (aunque si quieres no es tan broma), la sinopsis a grandes rasgos es la siguiente: tenemos a Sora, un chaval que vive con sus amigos Riku y Kairi en un mundo donde existen las llamadas Islas del Destino. Un día, son invadidos por una fuerza oscura conocida como los Sincorazón y acaban separándose. Sora es revelado como elegido portador de la llave espada, lo cual le convierte en el salvador que le permitirá salvar al mundo de los sincorazón. Escoltado por Donald y Goofy bajo órdenes del rey Mickey, empieza un viaje para salvar al universo y reencontrarse con sus amigos. De aquí en adelante lo que tenemos es la típica historia sobre el poder de la amistad y el amor, la luz y el luchar contra la oscuridad que todos tenemos en nuestro interior. Por suerte, la trama del primer KH no va más allá y se mantiene dentro de unos límites asequibles para los chavales más jovenes, aunque a veces desvaríe y quiera jugar a los acertijos más de la cuenta. Este es, de hecho, mi auténtico problema principal de la fraquicia. La tomadura de pelo y el hacer perder el tiempo a la gente con miles de spin-offs que poco respetan el tiempo del jugador y se aprovechan del capital emocional que muchos han invertido a lo largo de los años en la saga. El jugar al puzzle por encima de las posibilidades.

Con todo, incluso puedo aceptar el meme, y no voy a negar que tengo muchas ganas de jugar Kingdom Hearts II para disfrutar del festival de edginess, cringe y drama adolescente que de seguro me voy a encontrar. Por el momento, y con este primer juego completado, la cosa se mantiene relativamente sencilla, pero Dios mío, odio el acertijo por el acertijo. Pero bueno, por muy irónico que parezca, a mí me encanta la serie de Perdidos.



Square, quién te ha visto y quién te ve

Sin ser un experto en el tema, puedo ver cómo a partir de este momento, algo en Square cambió, amén de que al año siguiente acabase fusionándose con Enix. El juego fue producido por Hironobu Sakaguchi (el creador de Final Fantasy) y la banda sonora corre a cargo de la legendaria Yoko Shimomura. Desde luego, con ello queda claro que pusieron toda la carne en el asador a la hora de crear esta nueva IP. No obstante, el nombre clave aquí es Tetsuya Nomura, director principal, y encargado de historia y diseños de personajes. Él ya era conocido y celebrado por su trabajo en FFVII y FFVIII, pero mucha gente no soporta cuando él está a los mandos del guión de una historia. Lo entiendo perfectamente. Esa forma de hablar siempre en código, el dejar las preguntas abiertas, el ser tan rematadamente adolescente y no en el mejor de los sentidos. Varios detractores incluso le atribuyen el ser guionista de la trilogía de Final Fantasy VII Remake (2020), Rebirth (2024) y Revelation (2027), y eso que el encargado es Kazushige Nojima. 

Ahora puedo ver la relevancia histórica de algo como Kingdom Hearts. El videojuego que representa el puto de giro en la historia de una de las empresas, si no LA empresa, más importantes en la historia del rol japonés. Después de este momento, nada ha vuelto a ser como antes. Y al igual que Sora, Riku y Kairi, echamos de menos los viejos tiempos, sabiendo que realmente no volverán. Porque habremos cambiado en el camino.



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